Bitácora de Viajes

Matthias en Cuba

En mayo 2012, viajé a Cuba con un grupo de músicos. Éramos ocho guitarristas que formaban un conjunto y habíamos sido invitados a participar en el festival de Cubadisco. Cubadisco es el premio nacional de música de Cuba, parecido al “Echo” en Alemania o los “Grammys” en Estados Unidos, solamente menos grande. Después de la entrega de premios hay una semana de conciertos de grupos nacionales e internacionales. Pasamos 11 días en el país, en La Habana y Santiago de Cuba. Enfrentamos la primera dificultad en el aeropuerto, porque uno de nosotros tuvo que esperar una media hora por su equipaje. Los micrófonos que llevaba en su maleta habían parecido pistolas bajo el escáner. Después fuimos a cambiar dinero. En Cuba hay dos monedas: El peso nacional y el peso convertible. El peso nacional es solamente usado por los nacionales. Reciben su salario en esta moneda y así hacen sus compras. Está prohibido cambiarlo por otras monedas. Los extranjeros solamente pueden cambiar sus dólares o euros en el peso convertible. Hay restaurantes, hoteles, supermercados y taxis para turistas en que solamente se acepta esa moneda. Así los turistas no pueden disfrutar de los precios en las tiendas normales, que nos parecen extremamente bajos. Sin embargo, muchas veces la gente aceptó que fuéramos a esas tiendas y pagáramos con los pesos convertibles, y recibimos cambio en pesos nacionales, que después pudimos utilizar.

Antes de la revolución hace más de 50 años, La Habana era una ciudad rica. Se puede ver en muchos edificios, que ahora están descomponiéndose. Hay muchos lugares que se quedan en ruinas y también edificios que nunca fueron terminados. Otro aspecto en que se puede observar la riqueza son los carros. Hay muchos modelos estadounidenses de alta calidad de los años 1940 y 1950, que siguen siendo utilizados hasta ahora. Muchos se usan como taxis inoficiales para los turistas. Como no hay ninguna forma de transporte público, anduvimos en ellos muchas veces. Es impresionante que, a pesar de la pobreza enorme de ese país, el nivel de seguridad para extranjeros es muy alto. No tuvimos miedo de andar en la calle o subirnos a taxis inoficiales. A pesar de su difícil situación económica, los cubanos siguen siendo un pueblo agradable y optimista. Muchas cosas en la vida cotidiana son improvisadas. Hay letreros de calle escritos a mano y se reparan sus mismos carros. Nosotros lo hicimos de manera parecida, realizando nuestros ensayos en el comedor del hotel.

Mi consejo para todos los que quieren visitar Cuba es de organizar el viaje de una manera lo más individual posible. El gobierno intenta separar a los turistas de la población lo más posible. Hay restaurantes y hoteles únicamente para extranjeros. Lo hacen con el objetivo de ofrecer a los extranjeros un nivel más alto de confort, pero yo creo que uno no va a Cuba para eso. En el centro de La Habana hay unas plazas y edificios costosamente restaurados en el estilo colonial, pero muchas veces la pared lateral de estas casas todavía está en mal estado. ¡No tengan miedo de apartarse de los caminos típicos para los turistas, entren en otros barrios y vean la vida cotidiana de los cubanos. Compren en las tiendas dónde van los nacionales y hablen con ellos!

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