Bitácora de Viajes

Magdalena en el Caribe

Me enamoré de Latinoamérica mucho tiempo antes de mi primer viaje a este continente maravilloso. Cuando era niña, esuchaba canciones en español y creaba una imagen mental de la vida al otro lado del océano. Siempre pensé que la gente pasaba todos los días en la playa relajándose: ¿cómo es posible estar en la ciudad si cerca de tu casa están las playas más bonitas en todo el mundo? En mi primer viaje a la República Dominicana tuve la oportunidad de verificar mis expectativas, así como también los estereotipos del país que tenía tanto yo como seguro la mayoría de los europeos. Así pues, viajé a la República Dominicana para conocer el país de mi novio Javier y tuve un mes para visitar todo el país. Nuestro viaje comenzó en la Península de Samaná, la cual se encuentra en el Norte de la isla. Los primeros tres días nos quedamos en Las Terrenas, un poblado lejos del turismo de masas, y en mi opinión personal, un lugar ideal para vivir. Hasta ahora tengo piel de gallina cuando pienso en el paisaje que encontramos allí, es decir playas casi vírgenes, múltiples colores de aguas cristalinas, vegetación de flores silvestres, totalmente extrañas para mí y, claro, muchísimas palmas de coco hasta donde alcanza la vista. Además, en Las Terrenas, como en el resto del país, todo es música. No sólo en la radio, sino especialmente en la calle, en los bares y restaurantes escuchamos ritmos de bachata, merengue, salsa o mambo.

Ya que las Terrenas tiene mucho más que ofrecer aparte de sus hermosas playas, nos aventuramos a conocer toda la región. Primero entramos montando a caballo al bosque tropical, donde se encuentra la impresionante cascada El Limón, que culmina en una piscina natural formada por su agua fresca y cristalina. Relajarse en una piscina natural enfrente de una cascada de casí 60 metros fue una experiencia única. Después fuimos a una pequeña isla llamada Cayo Levantado. Cerca del cayo, entre diciembre y marzo, se pueden avistar ballenas que cada año vienen a la República Dominicana para reproducirse. Nuestro próximo destino fue Bávaro, Punta Cana, el lugar más turístico del país. En comparación con Samaná, Bávaro esta lleno de gente y tiendas de souvenirs. Es casí imposible caminar tranquilo por la playa porque siempre aparece un cocotero preguntando si quieres un coco o un vendedor que pregunta si quieres comprar algo y que, además, siempre encuentra algo especial para cada persona. Es impresionante que en Bávaro los nativos puedan comunicarse en todas las lenguas, ¡incluyendo polaco! Podría decir que lo que me gusto más de allí fue nuestra excursión a Manati Park, un parque de entretenimiento. Caminando en el parque entre las palmas de coco de vez en cuando nos sorprendían iguanas, reptiles y todo tipo de aves, como papagayos, tucanes o flamencos pero lo mejor de la experiencia fue nadar con los animales más amables de este mundo, los delfines.

Los últimos días de mi viaje los pasé en la capital, Santo Domingo. Allí no hay playas, así que la gente no va tan a menudo. Sino que de vez en cuando hacen alguna que otra escapada a las que quedan directamente a las afueras, como Juandolio y Boca Chica, aproximadamente a 45 minutos del centro de la ciudad capital. En Santo Domingo se lleva un ritmo de vida más metropolitano, es dedir, todos trabajan o estudian y siempre están ocupados. ¡¿Te imaginas una ciudad donde es difícil encontrar a alguien enfadado?! Los trabajadores, positivos y risueños, son capaces de transmitir este sentimiento de paz y tranquilidad a todo el que los ve. Esto es lo que a mí más me encanta de este país. Aunque para un europeo todo parecería un desastre o caos, los dominicanos son tranquilos y viven a su ritmo. Con respecto a mi español, al comienzo fue realmente difícil entender. Simplemente por el hecho de que el español dominicano suena totalmente diferente al castellano de España, lo que hizo un poco más difícil comunicarme con el español que aprendí en la universidad. Pero fue de mucha utilidad. Finalmente, les recomiendo visitar algún país en el Caribe, ya que esta región tiene una cultura propia, es decir, su propia música, su propia manera de comunicarse, de vestirse y su propia caribeña forma de vivir.

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