Bitácora de Viajes

Jo en Centroamérica

Mi novia y yo nunca habíamos vivido juntos antes, pero ya habíamos viajado como mochileros por un mes. Por eso pensamos que quizás funcionaría esta locura: un semestre en Latinoamérica. Nuestro plan era trabajar por tres meses en un proyecto en Quito, Ecuador y después queríamos viajar por América Central, el Caribe y Cuba. Encontramos una organización en internet que se llama Cenit (http://www.cenitecuador.org/). Se puede caracterizar como una escuela con muchas ofertas adicionales, sobre todo, clases particulares en las que profesores y un montón de voluntarios ayudan a los alumnos con sus deberes. Los padres de los niños normalmente trabajan en los mercados San Roque y Chiriyacu, conocido como El Camal, y no tienen tiempo para (y a veces tampoco son capaz de) apoyar a sus niños en la escuela. Pero, claro, no somos tan altruistas: Esperábamos mejorar nuestro español y conocer gente.

Yo quería trabajar en una escuela, porque estudio magisterio (entre otros, podía trabajar como profesor de computación) y también para mi novia, que es psicóloga, Cenit era genial, porque podía ver cómo trabajan los psicólogos ecuatorianos en la asistencia de niños. Pero por otro lado teníamos dudas: por una parte porque la organización era cristiana, por otra parte porque no se sabe antes si se puede realmente hacer algo razonable allí. Pero retrospectivamente se puede decir que no fue totalmente en vano, sobre todo las clases particulares. Incluso a veces era un trabajo muy duro: Tuvimos que levantarnos cuando todavía estaba oscuro y cuando volvíamos, ya anochecía y todavía teníamos que preparar algo para el día siguiente. Pero las circunstancias eran geniales: Encontramos un apartamento en una vivienda comunitaria hippy, donde vivíamos con otros voluntarios de Cenit. En los mercados comprábamos toneladas de frutas frescas. Y los fines de semana y en nuestros días libres hicimos todo lo que se hace como turista: Fuimos con los otros voluntarios y ecuatorianos a cimas, playas, bares y clubs en La Mariscal, a otras ciudades, a la Mitad del Mundo, a baños termales y a la selva en el parque nacional Cuyabeno. Olvidé algo. No viajábamos solos. Teníamos un compañero: nuestro amigo E. Ottenberger, que es una foto de un miembro de una asociación estudiantil de derecha. Él ya está muerto. Y pensamos que no dañaría a Ottenberger ver que hay otros países interesantes aparte de Alemania. Así robamos la foto. Ottenberger ya fue a varios países e incluso tiene su propia página en Facebook donde se pueden ver unas fotos:https://www.facebook.com/pages/E-Ottenberger/1447651102121972.

Después de nuestro tiempo en Quito y después de una fiesta de despedida grande fuimos a América Central. Las diferencias entre Ecuador y Panamá/Costa Rica nos parecían enormes: hacía calor, la comida era diferente, los supermercados eran más (norte)americanizados. Solo la moneda era la misma: el dólar estadounidense. Disfrutamos la vida caribeña en Old Bank en la isla Bastimento (así que ahora puedo ahorrarme un viaje a Jamaica). En Nicaragua y El Salvador fuimos a museos interesantes sobre su historias revolucionarias donde exguerrilleros (FSLN y FMLN) trabajan como guías; en Perquín (cerca de Mozote donde hubo una masacre en 1981 durante la guerra civil salvadoreña) incluso se puede ver un campo de guerrilleros, pecios de aviones de combate norteamericanos y tanques viejos. Durante nuestra estancia en Nicaragua empezó el tiempo navideño: En cada salón había un árbol de Navidad de plástico. La comida en El Salvador me gustaba muchísimo – pero quizás solo por el nombre (pupusas) – que en realidad no es tan diferente de la comida de los otros países centroamericanos. Creo que vimos los montones de ruinas que hay en Guatemala y en el sureste de México (las pirámides mayas en Tikal, Palenque, Chichen Itzá, Cobá, etc.) y probablemente nadamos en cada cenote, que son lagos subterráneos, en Yucatán.

En México, una amiga de mi novia nos visitó por dos semanas (era un poco triste, porque era su primera vez en un país no europeo y estaba lloviendo a cántaros todo el tiempo). Con ella celebramos la Nochevieja, aunque era un poco aburrido, porque estábamos solos en la calle con unos “gringos” – los mexicanos cenaban con sus familias. Después nos quedaban dos semanas en Cuba. Compramos los billetes de vuelo en México y dudábamos que fuera fácil entrar al país, porque todavía no teníamos una tarjeta turística. Pero no hay ningún problema en Cuba siempre y cuando se tengan dólares o euros. Me encantó Cuba. Siempre pensaba que solo había como máximo diez carros viejos en Habana que ponían en todas las guías turísticas y en las postales, pero no es así, ¡casi todos son viejos y eso se puede oler! Normalmente no me interesan los carros pero allí tenía algo fascinante. Y estaba contento con la comida: En unos días comí tres pizzas (y a veces para variar espaguetis o tortillas), que se puede comprar en la calle y además son muy baratas si se convierte la moneda turística (CUC) por pesos. Pero Cuba tiene una desventaja. Normalmente no me gusta generalizar pero creo que se puede decir que los cubanos a veces no son tan amables con los turistas como la gente en América Central. Allí siempre tuve la impresión de que ellos se alegraron cuando se dieron cuenta de que hablamos español. Pero en Cuba era diferente. Quizás es por la propaganda (me compré un libro escolar sobre la historia cubana y si lees esa interpretación subjetiva tienes que odiar a los blancos) o porque ellos normalmente no pueden viajar como nosotros…En este sentido: ¡Sé que viajar es un pinche privilegio y divertido!

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